sábado, 9 de junio de 2012

MADRIDFOTO: mesa redonda con Andrés Isaac Santana.

Publicado en Xtrart.es





¿Cómo definir la identidad cultural latinoamericana? Tres posiciones críticas pusieron sobre la misma mesa sus vivencias y opiniones en el marco de MADRIDFOTO 2012, invitando además al público a entrar en el diálogo. Bajo la batuta de Andrés Isaac Santana, crítico, ensayista y curador, Alejandro Castellote, Janet Batet y Mauricio Zabalgoitia ofrecieron su visión sobre la fotografía y el arte latinoamericano en el mapa globalizado de la cultura.El pistoletazo de salida lo marcó Castellote y su “Mapas Abiertos”, un proyecto que nos demuestra en última instancia la imperiosa necesidad de trasladarse físicamente al lugar donde se desarrolla la obra. El curador y especialista español afirmó que el contacto real con los artistas y su contexto, y sobre todo la predisposición a escuchar, fueron las armas que le acercaron a la verdad.Por su parte, el mexicano Mauricio Zabalgoitia aportó una visión más académica, que aplicó no sólo a la fotografía sino al arte en general. Utilizó además un ejemplo concreto, el de la muerte, para demostrar que la identidad es un concepto indiscutible que se demuestra analizando las diversas manifestaciones artísticas de una sociedad a lo largo de los siglos. El doctor, especialista en literatura mexicana y peruana, mostró que la muerte es un elemento clave dentro de la sociedad mexicana, una costumbre de masas aceptada hasta por la Iglesia, y que ha seguido siendo utilizada por los artistas con el paso de los años. Un elemento que refleja la existencia de una identidad, y que es algo que convive en un contexto globalizado.Por último, la curadora, crítica de arte y ensayista cubana Janet Batet nos introdujo en su experiencia personal para reflexionar sobre la discrepancia entre lo que el mercado muestra y lo que se corresponde con la realidad. Batet tuvo la oportunidad de salirse del mundo artístico para luego volver, un regreso que le demostró que el uso de las etiquetas no hace sino perjudicar lo puramente latinoamericano. Batet propuso además como ejemplos diferentes grupos que se fundan desde la no-vinculación con el mercado, como Kiosko Galería en Bolivia, Soma de México o el Centro de Investigación en Buenos Aires,  que son quienes reflejan la verdadera alma de la identidad de un pueblo.Estereotipo, discurso, arquetipo o cliché fueron objeto de debate para las voces presentes en la mesa, todas ellas inmersas en el marcado carácter de la sociedad latina, una sociedad que cuenta con un corto periodo de arte documentado, y que, según Castellote, “piensa en el qué dirán, necesita de la aprobación del otro, algo que no encuentras por ejemplo en la sociedad norteamericana”.

miércoles, 6 de junio de 2012

MADRIDFOTO: Glauber Ballestero.

Publicado en Xtrart.es



Dentro del contexto artístico cubano, donde la tendencia imperante apunta casi siempre a retratar el rostro negro y su interacción en sociedad, aparece Glauber Ballestero tomando como punto de partida para la creación de su obra la raza blanca.
El blanco funciona como elemento fundamental al querer entender su obra. “Construyo una especie de República, un espacio donde hay himno y hay bandera, un espacio totalmente blanco”, afirma el artista. A través de su particular concepción de la raza blanca y de su técnica, en la que utiliza la cera para conseguir la tonalidad blanquecina característica de su trabajo final, el artista considera que parte de lo más puro y virtuoso para desarrollar su trabajo, y dar de nuevo con ese mismo clímax de purificación, su obra “blanca”.
Imágenes propias o tomadas del cine o de Internet funcionan como la primera piel de sus series, todas ellas con un nombre propio acompañado por el título “Appaloosa”,  nombre utilizado por el artista para representar el significado de blanco. Series que Ballestero lleva realizando desde 2007, constituidas siempre por ocho fotografías, y que forman todas ellas parte de un único concepto, el de purificación.  Las imágenes tomadas se recubren de cera, y fotografiando esa unión, se obtiene el resultado final. “Una última piel que nos sigue acercando a la verdadera identidad, a descubrir lo inmaculado de nosotros mismos”, afirma. La plenitud de un personaje, de un paisaje, o de uno mismo, reconocida a través de todo el atrezo utilizado por el artista en su búsqueda de lo puro.
No obstante, no podemos olvidar que la metáfora de sus fotografías radica en un discurso racial, un debate que se está ahora abriendo en torno a su obra. Entendido el contexto donde Glauber Ballestero se mueve (cierta veneración por la raza negra y lo que le acompaña en la historia de Cuba), la queja ante un trabajo cuyo epicentro es lo blanco es ineludible. El artista cubano reconoce su intención de diferenciarse del resto, pero también afirma que su obra está lejos de haberse forjado en la idea de conflicto de razas.
En Madrid, y hasta el próximo 31 de julio, se puede visitar en Raymaluz Art Gallery otra de sus series dentro de este mismo concepto, las ocho fotografías que componen “Simados Vitali – Appaloosa”.

lunes, 14 de mayo de 2012

Regreso a España


Publicado en Xtrart.es



Ya estoy aquí, con este olor, este ruido, este sol que tanto me gusta. Ya estoy aquí, muy contenta, pero cayendo irremediablemente en las redes del complicado panorama actual que nos viene acompañando desde hace ya unos años y que sinceramente, desde la distancia, me empezaba a aburrir soberanamente. Ahora lo entiendo todo un poco mejor.
Soy una más dentro de ese conglomerado de emergentes cualificados, tratando de arrancar en su trayectoria profesional. Y ya puestos, puede que en la personal también. En definitiva, un momento vital ya importante en sí mismo, que se está viendo muy entorpecido por las circunstancias externas que a día de hoy nos rodean.

Sin embargo, uno de los mayores inconvenientes que he encontrado al volver a España después de casi dos años en el extranjero no son esos factores que nos vienen dados de fuera, sobre los que no tenemos control y que irritan al conjunto de la sociedad. Lo peor ha sido encontrarme con un ambiente que ya está pasado de rosca. Probablemente fruto de tanta decepción. Ya no es un espíritu pesimista o incluso derrotista, simplemente me animan a que no pise el país, mi país.
He de decir que esa invitación al “no retorno” me ha trasladado momentáneamente a aquellas entrevistas que realicé en la Universidad para mi tesina. Un trabajo que trató sobre el fenómeno exiliar. Los que me hablaron fueron españoles que tuvieron que abandonar el país tras la Guerra Civil y ante el régimen que se avecinaba. Me gustó mucho escucharles. Lo que no pensaba yo era que un día me iba a sentir identificada con esos testimonios, que me emocionaron por sus historias desgarradoras y sentimientos tan contrariados. Porque ahora soy yo la que, por primera vez, siente que puede que no sea tan libre.
Largarnos, y hacerlo de verdad, es la única opción que nos están poniendo fácil. Es la opción de muchos, será la de otros tantos, y es una posición más que respetable y ante la que me quito el sombrero. Ahora bien, también hay otra opción, o debería, y es apostar por quedarte. Es innegable que hace dos años estábamos ya en un “sálvese quien pueda”, y quien sea el atrevido de embaucarse en esta segunda alternativa no lo va a tener fácil. Parece un derecho convertido en privilegio. Ya no vale con ser alguien comprometido con una cultura de trabajo. Trabajar es un primer paso, sin duda, pero un paso de otros muchos.
Mientras ese segmento joven de población emigra, con su vitalidad insultante, y mientras nos topamos con recortes como el de educación, me da por pensar que precisamente ahí es donde hay que dar ese siguiente paso. En la educación de aquellos que siguen aquí, resaltando los que aún no lo han hecho porque, para empezar, aún no han podido: los niños.
Una de las joyas que he querido recoger para traer conmigo es el sentido de responsabilidad social que en Escocia se mantiene. Desde pequeños, he ahí la clave. El día que salí por la puerta del Ayuntamiento de Edimburgo tras un “no necesita nada más señorita, ya me está usted diciendo que se va del país”, sentí satisfacción. Estaba formando parte de un sistema cuyos ciudadanos actuaban como tal. Una institución pública sólo necesitó mi palabra para creer que dejaba Escocia, lo que suponía poner freno al pago de tasas con las que hasta entonces yo contribuía, como cualquier otro residente activo del país. ¿Por qué les iba a estar engañando? Ése es su pensamiento, y así es como funcionan, incluso en temas donde el “money“ juega su papel.
Parece mentira cómo en España, un país donde la gran mayoría tenemos una consideración casi endiosada de nuestra familia, a la que defendemos y apoyamos de una manera casi incondicional, seamos luego tan poco considerados con los que no forman parte de ella. Esta cultura mediterránea (que adoro), tal vez deba mirar más allá y aprender de otras como la del ayuntamiento “scottish“ y su comunidad.
Todo sería mucho más fácil si los cabezas de sociedad predicaran con el ejemplo, pero igual nos toca hacerlo a la inversa, esperando una asunción de responsabilidad también por su parte. De lo contrario, será cuando haya que coger de nuevo las maletas. Si algo de bueno podemos sacar los que hemos vivido diferentes experiencias en otros países (que somos muchos), es que ya no hay miedo. Podemos cambiar de lugar, porque sea donde sea, seguiremos haciéndonos a nosotros mismos. Ahora bien, ya puede el gobierno educar bien a esos niños, porque flaco favor se está haciendo permitiendo que esto ocurra en mi generación.

domingo, 11 de marzo de 2012

Para quitarse el sombrero




Pues ya ha llegado a su fin. `Bajarse al Moro´ dice adiós después de haber superado con presumible éxito su interpretación los pasados miércoles, jueves y viernes en Adam House Theatre (Edimburgo).

No podemos obviar lo importante de la convocatoria, de las posteriores críticas, o de los beneficios recaudados. Nos vamos con una puntuación de sobresaliente. Así lo avala la sala  desbordada en la última función, las carcajadas del público durante las actuaciones o las palmaditas en la espalda de profesores y profesionales que acudieron a la cita.

Todos estos gestos han sido sin lugar a dudas muy positivos. Sin embargo, sólo significarán algo que me permitió tener una gran satisfacción momentánea. Con el tiempo, cuando piense en ello, sentiré orgullo, pero algo se habrá ido. Gestos que hacen sentir de forma muy intensa el transcurso del evento, pero como si de humo se tratara, con los meses, buena parte desvanecerá.

Lo que creo que nunca cambiará su intensidad, es el cariño que ahora mismo tengo sobre ellos. Ellos han sido los que han ido dando la forma al proyecto, los que le han dado más calor, los que se han superado trabajando en un idioma que no es el propio, por los que he seguido en los momentos de flaqueza. Ellos son los auténticos protagonistas. 

Cuando empecé en esta andadura, nunca imaginé el nivel con el que me iba a encontrar. Se trataba de una actividad extra, que decidí añadir a mi vida por el gusto hacia la cultura y porque lo consideraba muy favorable en esta la que es mi etapa en el extranjero. Ni yo misma pude intuir por aquel mes de octubre, que terminaría siendo una experiencia que calaría en mi persona hasta el punto de tener la intención de seguir ligada al teatro en mi vuelta a España. 

Los inicios fueron difíciles, pero luego te das cuenta que todo pasa porque tiene que pasar. No dábamos con los perfiles que queríamos. Sólo tuvimos dos flechazos. El primero, y el más fuerte, Jaimito. Aún así, estuvimos a punto de intercambiar los papeles protagonistas masculinos. Hubiera sido un error. Al final, nuestro Alberto, en quien dudamos porque su nivel de idioma no podía ser tan bueno como el que el papel requería (acababa de empezar la carrera de español), terminó sorprendiéndonos con su evolución. No hacía falta repetir dos veces lo mismo: le sugerías mejoras, y repetía la escena bordando lo que tú le acababas de decir. Inteligencia a borbotones. 

Otra casualidad fue nuestra querida Elena. El segundo flechazo. Inicialmente miembro del personal de producción, fue verla en acción durante una de las pruebas del casting, y sentirlo: era ella. Su dulce voz y cohibidos movimientos, envueltos por una pícara actitud, la convertían en la candidata perfecta. Accedió al "puesto", convirtiéndose en una de las más aclamadas por el público tras robar tantas sonrisas.

Chusa. La "molona de la peli". No forma parte de la universidad, pero también por más casualidades, la conocíamos y `caímos´ en su nombre. Su prueba para conseguir el papel fue más un mero trámite por respeto hacia las demás candidatas, que una prueba real. Antes de hacérsela, teníamos claro que el papel le iba que ni pintado. Ni en la prueba ni en la actuación decepcionó a la idea preconcebida. Dio vida a Chusa con una gracia envidiable, y en cada palabra salpicaba un poquito de ese amor incondicional que siente hacia el teatro.

La voz sonante, la fuerza necesaria en el escenario, los gestos limpios y tajantes. ¿De quién hablo? De Doña Antonia, quién si no. Su entonación perfecta, su cercanía con España, necesaria para tan acertada inspiración, y su afán por conseguir la perfección, han hecho que la rozara. Admirable la tan acertada actuación de alguien con una cultura llena de códigos completamente diferentes a los propios.

Por último, el `chocolate con churros´ pone el punto de sal en la obra. Abel y Nancho aparecen en mitad de la función, en una escena que nos deleita con expresiones fuera de lugar, desnudos, o tiros en medio de una habitación que hacen que con tanta acción, suba la expectación del auditorio.

Pero antes de acabar, tengo que volver a mi primer y gran flechazo. No puedo terminar esto sin dedicarle también a él unas líneas. Todos han sido unos portentos, pero Jaimito además de portento, ha sido especial. Al abrir el telón, era el que menos brillaba. Al cerrarlo, el que más. Ha sido maravilloso ver cómo se hacía a sí mismo, cómo conseguía cautivarnos más y más con la consecución de escenas. Su simpleza le ha hecho grande, y su capacidad para ir siempre más allá, que disfrutemos de cosas siempre llenas de sentido y sinceridad.

Sin más preámbulos, y entre los telones y bambalinas que han forjado 'Bajarse al Moro', proclamar que no sólo habéis cumplido con las altas exigencias, sino que me habéis emocionado. 

Por todo ello, me quito el sombrero. 

Lots of love,
amaya.


martes, 14 de febrero de 2012

InLove_AllMine_TrueLove_MyAll_LetsKiss


El día de hoy se merece una mención. Yo me hago la tonta y dejo a un lado las opiniones que detestan días como el 14 de febrero, por creer que son invento de las grandes fuerzas económicas. Por supuesto creo que no les falta razón, pero insisto, prefiero no pensarlo, y lanzar mi cántico al amor.

Me gusta pensar que hay un día en su honor. ¿Por qué no? El amor es lo más bonito del mundo. Los mejores momentos de mi vida han sido los momentos felices, y los momentos felices han estado siempre llenos de amor. Amor de padre, amor de madre, amor de amiga, amor de pareja. Me gusta también pensar que en días como hoy aumenta el porcentaje de personas que piensan en la palabra "amor". Aunque sea de forma superficial, sin detenerse en ello, o incluso con cierto desprecio. Pero esa palabra ha invadido unos segundos la labor cotidiana de un martes de febrero.

Y ahora alguien puede replicar con lo de siempre. ¿Por qué necesitamos que haya un día señalado en el calendario? ¿Por qué demostrar tu amor el 14 de febrero y no regalar las flores un 17 de abril? ¿Por qué ha de ser el único día que llamas a tu pareja con el único motivo que gritarle un "Te Quiero"? A ese alguien tampoco le faltará razón. 

Sin embargo, ahora me pregunto yo: ¿por qué necesitamos las Navidades para recordarnos que hay que ser más solidarios? ¿Por qué necesitamos al menos un buen descanso anual para recordarnos que no todo es trabajo? ¿Por qué necesitamos que nuestro hijo se equivoque para darnos cuenta que también tiene sus faltas? ¿Y por qué necesitamos tener una mala noticia para recordarnos el valor de la vida? Porque así es la naturaleza humana. 

Lo ideal es vivir valorando y mimando todas estas cosas maravillosas que tenemos. Pero tendemos a que se olviden, más aún en la vorágine de nuestros días. Tratamos de recordarlas, claro que sí, pero se vuelven a olvidar. Por eso creo que tenemos que valorar lo positivo de que existan días como el 14 de febrero. Que vivan. Porque son necesarios para que llamen a nuestra puerta, "toc toc", y nos recuerden las cosas más obvias y simples. Esas cosas que nos conducen por el camino de la felicidad, algo siempre anhelado.